En la meditación me sentí aparte, mirando el mundo pasar, yo era parte de la vida pero estaba separada de ella, sólo observándola. Mi espíritu veía pasar la vida, mi cuerpo no estaba. Sólo éramos el espíritu y la vida, y el espíritu no intervenía con la vida. Yo no soy mi cuerpo.
En estos días me he sentido muy desprotegida, tengo la sensación de estar sola en este mundo. Si hay un Dios tendría a quien pedirle protección, si no hay un Dios, moriré y desapareceré. Me da tristeza pensar que moriré y me da miedo pensar que seguiré. Esto lo escribo para dar a conocer cómo pensaba en ese momento en los primeros años de estar en meditación.