Mi inicio en la meditación fue un poco tardío y la idea que primero deseche es que en mi cuerpo habitaba un espíritu individual llamado alma, como me habían inculcado desde niña.
En una meditación vivencie a Dios, a el Espíritu Santo y a Jesucristo, de pronto el Espíritu santo y Jesucristo desaparecieron, se disolvieron en Dios y fue a través de esta realización que tuve la certeza, de que en mí y en el cuerpo de todas las personas de mi grupo, y en el cuerpo de cada persona de la humanidad, sin diferencia de país, credo, raza o sexo, habitaba un espíritu universal infinito, al que seguí llamando Dios, y a quien no podía ver, ni conocer, pero tenía la convicción de que estaba en mi.
Reflexiones. Cuando entre al grupo de meditación en los primeros meses nos hablaron de que Dios era una unidad y no se partía en pedacitos. A mi esto no me gusto y les decía que desde que nací yo tenía un espíritu para mi solita y con toda seguridad no desecharía mi idea. Unos meses después una de mis primeras realizaciones fue que Dios no se parte en espíritus individuales para cada persona, es un Espíritu absoluto indiferenciado para todas las personas. A partir de ese momento jamás volví a pensar que en mí había un Espíritu individual, me sentía una en espíritu con todas las personas del grupo y con toda la humanidad.