{112} – 28-05-2017. Hoy en la meditación se arrimaron a darme un frasco con jalea. Yo intenté olerlo, no pude sentir ningún olor. Cuando me ofrecen algo quiero recibirlo y no puedo hacerlo, y cuando lo ofrezco no lo pueden recibir. Siento que ocurre lo mismo con el observador. Él no puede recibir nada, no puede dar nada y no siente ningún olor. Ocurre lo mismo que me ocurrió en la iniciación, quería bajar a ver qué pasaba y no podía. Yo era el observador y no podía recibir nada, ni sentía ningún olor a jalea. Sentí un dolor en el estómago y me crispe, y el observador estaba viendo mi dolor, sin sentir dolor, es como cuando se observa el pensamiento, y hay una separación, entre el cuerpo y el espíritu.
Reflexión. Comienzo a percibir mi vida como un juego chevere, más alegre, donde se pueden tomar las cosas más tranquilamente, como si no importara tanto lo que ocurra.
Ir arriba