{400} – 27-08-2021. Cuando estoy en meditación profunda, consciente, después de la tercera iniciación o Iluminación, me encuentro en un espacio negro, con algunos reflejos de luz, y uno que otro destello de luz. Estoy explorando este nuevo espacio. A veces siento que avanzo, otras veces estoy estática en contemplación. Me pasa que reflexiono mucho sobre la filosofía y entiendo cosas que tengo que escribir rápido, porque si no las escribo las olvido, y quedan como si nunca hubiera pensado en ellas, porque no están en mi mente si sigo meditando. Para que queden en mi mente tengo que pensar en ellas, reflexionar en ellas, ponerla en la mente. En este estado la mente está, pero no entiende, y por lo tanto no puede recordar. La tercera Iniciación no es llegar a la meta, o tal vez sí, pero no es la meta final, aunque sí la más importante, La unión con Dios. Después de la iluminación, tenemos que asentar nuestro estado, en mi caso a veces siento como una incredulidad, Sé que soy, pero… ¿Cómo es posible?
Hace tiempo al inicio de mi camino en la meditación, comprendí que la fuerza del cuerpo la da el espíritu, luego sentí esa fuerza que dominaba al cuerpo en la meditación, más adelante sentí una fuerza en el cuerpo, pero era una fuerza sobre mi misma, me sentía poderosa en mí, no con los demás. Ahora sé que esa fuerza puede cambiar o transmutar sentimientos, eliminar dolores, ya no tenemos que esperar a que el tiempo pase para irnos cambiando, ya podemos actuar sobre nuestro cuerpo. Antes necesitábamos amuletos para apoyarnos en ellos. Amuletos como piedras canciones, prácticas repetitivas, pero ahora sabemos, ya somos conscientes del poder que está en nosotros. Nuestro espíritu es ese poder que siempre ha estado, y que no lográbamos ver. Sin embargo, seguimos siendo los mismos, no hay ningún cambio, salvo en la meditación. Seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho. Continuamos atados a la materia, a nuestro cuerpo, que está regido por las implacables leyes de la materia.
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