
Marta Nivia. Iluminada
«Nunca había buscado entender lo que significan las cosas. Sin propósitos fijos no desafiaba el mundo, no me había detenido a preguntarme teorías sobre la vida, solamente estaba en ella y la vivía.
Venía de una familia estable, me habían inculcado buenos hábitos, muchas veces había estado feliz en mi infancia con mis hermanos, con mis padres, jugando con otros niños de nuestra edad, teníamos lo necesario, sin presiones religiosas, algunas costumbres nos definían y con algunos altibajos como todo.
Así permanecía en el mundo, vivía en una oscuridad sin darme cuenta, pensaba que así debía de ser. Cuando desaparece la inocencia de la niñez y nos damos cuenta que la alegría comienza a apagarse, cuando nos sentimos abatidos por el miedo que nos absorbe, nos envuelve ese miedo a morir, único, sin razón, que viene de adentro porque sí y empieza el descontento con uno mismo es entonces cuando intentamos buscar algo que nos alivie. Es aquí cuando mi cuerpo y mi mente adolescente buscan refugio en la última rama del cerezo del patio de la casa para comenzar a despertar, sentirme viva y de esta manera acercarme a algo desconocido. Era la hora de explorar un mundo extraño, desde allí miraba un horizonte muy lejano y podía contemplar el mundo que me rodeaba: las nubes que flotaban en el cielo azul profundo y maravilloso, las altas montañas que rodeaban la casa, el viento que sacudía las ramas fuertemente, todo era bello, misterioso y me llevaba a pensar que existía algo más allá, algo más grande, la realidad podía existir más allá de las cosas visibles. Presentía un infinito donde serían eliminadas todas las dimensiones, había llegado la hora para que nada ni nadie perturbara ese silencio intuido.
Como todo en la vida las cosas se van presentando de acuerdo a aquello que necesitamos, poco a poco iba tomando conciencia de mi misma, trataba de elaborar un nuevo esquema de vida. Sentía mi existencia de una manera muy simple a través de mi cuerpo y mi mente, esto me afirmaba y me hacía sentir que existía, pues pensaba que nuestra esencia primordial era esta. La urgencia y el deseo de sentirme tranquila me llevó a buscar la meditación, una gran puerta se abre ante mí por casualidad, llegue a un camino espiritual y es aquí cuando una voz interior me invita a meditar, jamás imagine la grandeza que iba a encontrar, puedo empezar contando que esto era ingresar a un mundo desconocido que me atraía enormemente, era una sensación nueva, me hacía saber de otro universo fuera de este mundo físico, comencé a vivir algo inexplicable, que ninguna ciencia enseña y a rodearme de un ambiente de paz.
Era difícil creer que al meditar encontraba un equilibrio, sentía que algo estaba más allá y no podía ser afectado por lo externo, era volver la atención a mi mundo interior. Me gustaba contemplar ese momento, me sentía separada del mundo tridimensional, parecía que esa meditación disipara todos los pensamientos sombríos, nunca antes me había sentido tan cerca de mi misma, tanto que sentía mis propias pulsaciones y el latir de mi corazón.
Empieza un proceso en el cual la visión de la vida se derrumba, si meditaba apropiadamente lograba un desprendimiento del mundo. Pensaba que nuestra existencia la sentíamos a través del cuerpo, conocía la dualidad mente-cuerpo pero a través de la meditación de pronto me encuentro con la no forma y esto era algo que no estaba en mi mente, la curiosidad por todo esto que para mí era nuevo y desconocido llamó mi atención.
Sabía que el pensamiento genera muchos miedos, que recreaba muchas historias irreales en nuestra vida, era algo desbocado e incontrolable y sin embargo creía que esa era nuestra esencia. Esta meditación me enseña cómo pensar con claridad y eficiencia, todo esto me pareció muy emocionante y cautivador. Sentir todo esto me reanimó, me di cuenta que me llevaba a un desarrollo espiritual, entonces grande cambios aparecen en mi vida.
Después de llevar un tiempo practicando una meditación muy sencilla sentí una revelación inexplicable: veo que existen cosas intangibles más allá de la dualidad, la asombrosa fuente de todo lo que existe y que ignoramos estaba frente a mí, tenía a mi disposición la más grande energía del mundo, si, dos expresiones de la misma energía, luz y sonido. Cerraba los ojos y la energía estaba ahí, el sonido vibraba dulcemente en mí, mientras la luz radiante me llevaba, una realidad que fácilmente podía percibir y me permitía profundizar más en la meditación. Esto era algo que mi pensamiento no podía comprender que siempre había existido y no me había dado cuenta.
Todo esto era nuevo para mí y así permanecí contemplando y recorriendo el camino espiritual donde me encontraba. Poco a poco la oscuridad era removida, comencé a ver la vida como un juego cuyas reglas se aprenden, veo mucho sufrimiento en el mundo y al mismo tiempo sé que todas las personas pueden poseer este recurso para aliviar y compensar la monotonía de sus vidas. Porque la meditación es renacer cada día, expresa calma y trae paz.
Un día me encontré frente a frente con algo muy grande y brillante, me sentía atraía por una luz que había tomado fuerza hasta convertirse en una deslumbrante tormenta de luz que me llevaba, trate de orientarme… o más bien… de perderme en ella. Todo vibraba en mi hasta la última molécula de mi cuerpo era luz, todo brillaba con una serenidad perfecta, un estremecimiento me recorría y al mismo tiempo unas sensación de calma me invadía, ¿acaso había muerto? Por primera vez podía alejarme de mis pensamientos, salirme de ellos, podía darme cuenta perfectamente que mi mente había quedado reducida. Allí permanecí, me abandone a esta tormenta de luz que me envolvía, me sentía liviana, como si el mundo se hubiera detenido de repente para abrazar al maestro “Ishvara” y fundirme en él. Nada interrumpía este silencio, esta gran sensación de paz, aquella quietud. La oscuridad había sido removida, ahora estaba despierta y consciente de lo que ocurría, la gracia del maestro me abría las puertas al Ser, esto se hace real.
Había meditando durante un largo tiempo en luz y sonido y llego la hora de trascender esta energía, era necesario volverme uno con ella para poder lograr el objetivo final del camino espiritual: “La iluminación”.
Durante las semanas previas a recibir la gracia que me llevaría a realizar el estado de iluminación, mi meditación fue buena e intensa, se presentaron hermosos fenómenos como: figuras geométricas, coloridos ramos de flores, un bosque de palmeras donde podía sentir el aire nítido, limpio y transparente, lagos con aguas cristalinas, en fin era un privilegio meditar en esta energía rápida y caliente que contiene la semilla de la existencia pero era necesario trascenderla. Todo esto era muy bonito e interesante pero sabía con certeza que no podía pasar de aquí, necesite el amor y la gracia del maestro, el cual me da la posibilidad de darme cuenta de los niveles de conciencia que puedo trascender, además me saca de la forma y de la creación.
Una vez recibida la gracia mi meditación cambió, mis sentidos se afinaron de tal manera que alcanzaba a escuchar el golpe acelerado de mi corazón. Repentinamente apareció un fenómeno sorprendente en donde ocurrió una explosión de luz de la cual aparecieron unas esferas brillantes de luz dorada intensa, parecían soles, que se desvanecieron. Sentía una quietud absoluta, un silencio que podía respirarse como el aire, una serenidad inalterable me envolvía, parecía que flotaba en el aire un perfume de flores. Con una impresionante claridad vi como mágicamente apareció una copa que se disolvió al tiempo que yo también lo hacía, la fuente de la vida estaba allí y puede decir que bebí de ella. Sentí una revelación inexplicable, un estado del cuerpo desconocido e invisible, habían sido eliminadas todas las dimensiones, era el inicio hacia la inexistencia del tiempo. Estaba ebria de un amor infinito, verdadero, el corazón tranquilo, abierto, sin deseo y sin juicio. Comprendí que lo espiritual no tiene forma, hubo una compenetración, una fusión de todo mi ser con lo perfecto, con lo simple, con lo eterno, era ese espacio, era esa inmensidad que está presente en todo. Nacía nuevamente hacia un estado de júbilo y gozo. Llegaba la hora de entrar a un mundo atemporal, lograr el increíble desapego de mi misma para vivir un presente donde la única y real libertad es La iluminación. El objetivo se cumplió Ser Uno con la causa de todo lo que existe.» Marta Nivia. Iluminada
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