
«La certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve». Hebreos 11-1
Nací en una familia católica. A los 15 años no volví a ningún rito religioso ni a creer en el Dios que me mostraban. Con el tiempo mucho antes de entrar al grupo de meditación comencé a creer en un ser interior que siempre me acompañaba no exigía nada y no premiaba ni castigaba.
Hace como veinte años al final de unas clases que tomé de yoga hacíamos unos 15 minutos de meditación y me di cuenta que la meditación me relajaba. Comencé a meditar 20 minutos dos veces por semana. Cuando me sentía tranquila dejaba la meditación y cuando empezaba a sentirme ansiosa retomaba la meditación.
Así estuve por varios años haciendo meditación por varios meses y dejando de hacerla por otros tantos y comencé a leer sobre la meditación: algunos libros hablaban de la importancia de tener un Maestro que lo guiara a uno y cosa curiosa yo ya había sentido la necesidad de encontrar un Maestro porque intuía que debía de haber algo que lo llevara a uno más allá de donde yo lograba llegar cuando meditaba, ya que encontraba un espacio negro donde no ocurría nada, me aburría y dejaba de meditar. Así que decidí acercarme a un grupo de meditación que quedaba en mi barrio. Por esa época estaba sintiendo miedo de luces que veía.
Cuando entré al grupo de meditación un adepto me dijo que meditando se me quitaban mis miedos. Decidí ensayar para constatar lo que me habían dicho y encontré un grupo muy agradable donde podía hablar de lo que me estaba pasando y me entendían sin tacharme de persona rara y me enseñaron a meditar. Al inicio estaba contenta unos días y de pronto otros días aburrida, pero logre sostenerme en la meditación gracias a que comenzaron a pasarme cosas interesantes.
Un día meditando sentí que me giraba abrí los ojos y estaba en la misma posición como me había sentado, pero cuando cerraba los ojos, sentía que mi cuerpo estaba ubicado en otra posición. Ya nos habían advertido que no sintiéramos miedo que nada malo nos podía ocurrir mientras meditábamos. Otro día mientras meditaba oí un acorde de violín o guitarra era un sonido raro pero muy lindo. Este sonido del acorde no lo sentía en el oído resonaba en mí, alejado como unos 20 centímetros de mi cabeza. Sólo lo oía del lado izquierdo, y de pronto este acorde se hizo uno con el canto de un pajarito que cantaba afuera de la ventana. Me han ocurrido muchas cosas que las iré trascribiendo tal cual como me pasaron.
La meditación me abrió un mundo hacía la parte espiritual inimaginable y comenzó mi camino de entendimiento sobre qué somos como materia, qué somos como espíritu y que significa la unidad cuerpo-espíritu.
La meditación no sólo tiene que ver con la parte espiritual sino que también tiene que ver con la parte material, con nuestro cuerpo, el entorno que nos rodea y todo el universo. Me ayudó a ver más claramente el porqué de las situaciones que me causaban estrés y con el paso del tiempo comencé a llevar una vida más armoniosa, más libre, sin angustias, sin miedo.