{470}- 14-07-2022. Entrada traspapelada. En estos meses pasados estaba muy embolatada, elevada, me daba cuenta de ello y me lo decían, pero no hacía caso, sabía que era por la meditación. No prestaba cuidado al mundo donde vivía, y pasaba los días en automático, mi cuerpo hacía lo que tenía que hacer, lo que quería siguiendo los sentidos, y yo seguía a mi cuerpo. Es una sensación de pérdida de identidad, de individualidad, no tenía idea que pasaba, y en mi caso, por andar tan perdida y en estas calles de mi ciudad, con los pisos tan disparejos y desbaratados, me caí varias veces, hasta que la última caída me hizo hacer consciencia de que algo no estaba bien, que había algo diferente en lo que raro me estaba pasando y quise buscar ayuda, sin embargo, no me decidía en donde buscarla y me volví a mi ser interior, mi maestro interior a pedirle ayuda.
El dolor de la última caída, me hizo frenar en seco, volver a la realidad, y reflexionar que no podía seguir viviendo en esta vida ignorando la vida, que tenía que hacer consciencia de que en vida es mi cuerpo el que la vive, y no podemos decir impunemente, que no existe, ya que en la creación la vida es muy real y tenemos que vivirla en el presente para ser consciente de todos nuestros actos, porque la vida es la que nos lleva a ser conscientes de Dios en este cuerpo que habitamos, y que tenemos que cuidar, porque nuestro descuido nos puede llevar a afectarlo, de pronto, a tener que llevar una vida con dolor, por no tener en cuenta que nuestro cuerpo está determinado y es regido por las leyes de la materia, y si no estamos en el presente siendo conscientes de nuestros actos, le podemos hacer daño.
Ir arriba