{451} – 08-06-2022. En mi meditación ya no espero ver luces ni figuras. Desde hace tiempo el campo visual es oscuro, más sin embargo iluminado. Con frecuencia veo estrellitas doradas o blancas arriba de mi campo visual, al lado derecho. En el color oscuro del campo visual, no hay nada no cambia nada y mis meditaciones se convierten en estar allí, algunas veces con pensamientos, otras en conversaciones con mi ser interior, o maestro interior, o Dios. He seguido utilizando el nombre de Dios, para aquello que es tan desconocido y al mismo tiempo tan cercano, tan unido a nuestra esencia, que, aunque quisiéramos no podemos sentirnos separados. Cuando todavía no recorría este camino y tenía un ser interior, nunca lo sentí separado, tal vez por este motivo sigo utilizando éste nombre. El místico anónimo del siglo XIV autor de la nube del no saber dice: “Él es nuestro ser, pero nosotros no somos el suyo”. Y para mí esto significa que en vida estamos limitados por un cuerpo, y Dios es la totalidad, lo indivisible, lo que nunca podremos ver ni entender como humanos, sólo ser conscientes de que al morir el cuerpo, el espíritu no muere y quedamos donde siempre hemos estado, sosteniendo el movimiento de la materia, experimentando la materia.
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