{334} – 23-07-2020 Anoche me acosté y mi campo visual estaba más iluminado que de costumbre, se siente muy bonito, y me percibo acompañada. Ahora que le he estado mandando luz a una persona enferma he sentido una sensación muy extraña cuando le mando la luz y la anclo al centro de la tierra para que le de energía para vivir, siento que yo también me estoy anclando, como si fuéramos uno. De hecho sé que somos uno. La sanadora me dijo que si uno estaba mandándole energía de sanación a una persona, la estaba sanando en la energía de uno, como quien dice nos hacemos uno con la persona. En dos oportunidades en dos meditaciones, me sentí una con dos personas distintas, aunque en esas meditaciones no les estaba mandando luz.
Desde hace días se me está presentando la ocasión de volver a lo que realice hace tiempo cuando era mantra, yo y mi pensamiento estamos separados. Esta misma realización la he tenido en distintas oportunidades, y en diferentes formas. Yo no soy mi mente
También el querer cambiar a las personas se me ha presentado en estos últimos tiempos. El no ser la mente, anoche se me presentó como un sueño con una papaya que había colocado sobre donde pongo la cabeza en la cama, y toda la noche pensando dónde colocar mi cabeza, para que no me ensuciara la cara. Cuando desperté me dí cuenta de lo absurdo de mi preocupación causada por la mente, y me reía, por supuesto no había ninguna papaya. No hay que ponerle cuidado a la mente.
Observaciones. Nuestro cuerpo es una maravilla, pero cada vez que la mente nos preocupe, nos tenemos que observar y hacer consciencia de que podemos cambiarle el pensamiento a positivo, a vibraciones altas, o no prestarle cuidado. Comprender que no somos la mente, que nuestra naturaleza es espiritual, cuando morimos o más bien cuando nuestro cuerpo muere, nuestro espíritu no muere. Todavía no hago completamente mío aquello de que no soy mi mente, aunque lo comprendo, pero no basta comprenderlo. Igualmente todavía no acepto completamente lo que se me presenta, quiero cambiarlo a mi modo. Y comprendo que todos somos uno en espíritu y en la materia. Si se me siguen presentando estas realizaciones es porque todavía algo me falta para que sea una verdad en mi vida. Lo único que tengo que hacer es seguir meditando.
Ir arriba