{154} – 23-02-2018. Estaba meditando en el vacío y entendí que tenía que fundirme con el vacío, ser uno con el vacío, ser el vacío. Si algo está lleno no le cabe nada más, pero si está vacío le cabe todo, nuestra consciencia es como el vacío que se va llenando, y a medida que se llena se va expandiendo, y se nos permite seguir llenando este espacio, o tenemos que esperar y quedarnos en ese espacio, hasta que se nos permita pasar, por esto es que en la meditación me he encontrado con tantas salas de espera, con espacios donde no se me permitía pasar, unas veces eran muros que me detenían, otras podía ver a través de un velo el espacio al cual quería pasar, pero no podía, otras veces eran espacios abiertos y tenía que permanecer por días allí, hasta que se me permitiera pasar. No era que alguien me dijera que podía pasar, sino que de pronto, comenzaba a avanzar, ya no existía el obstáculo. Hoy estuve en un espacio vacío y alcance a entender la tranquilidad de permanecer allí, pero sé que todavía no lo logró. Ayer en la meditación estaba parada en una escalera de atrio y quise dar un paso, y pegué un brinco de susto, porque no había escalón sino un vacío negro profundo.
Comentario. Recuerdo que un adepto me había dicho que estos vacíos se daban cuando la consciencia se expande.
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