{127} – 26-08-2017. Anoche me acosté y oía el sonido de aguacero fuerte y me dormí oyéndolo, todas estas noches lo he oído. Hoy la meditación fue sorprendente. Desde que me senté a meditar estaba en el espacio tranquilo, estático, oscuro, sin pensamientos, tengo que hacer un esfuerzo para pensar, y no lo logro, hay unos pensamientos que son permitidos, otros no, de pronto me encontraba en un espacio más oscuro y profundo y mi cuerpo se alertó, y comencé a pronunciar el mantra, me tranquilice y estuve observando el vacío, simplemente estando, y fui consciente que no tenía al testigo separado, ya no lo percibía aparte. Hoy entendí que el observador, el testigo y yo, éramos lo mismo, y mi cuerpo estaba allí, pero separado, y lo percibía debajo de mí. Si no es mi mente la que percibe lo que hace Judith, sino el testigo, y si el testigo es el mismo Ser u observador, y si yo soy ese Ser, que habita en Judith. Podemos deducir que el testigo, el observador, y yo, somos uno.
Explicación. Esto podemos entenderlo intelectualmente, pero no es suficiente. En la meditación estas realizaciones se nos presentan con la frecuencia que necesitemos, cada quien, para hacerla una verdad absoluta en la vida.
Por algún motivo esta meditación la había escrito en una hoja suelta y la encontré hoy cuando estoy transcribiendo las entradas, por tal motivo tiene una fecha anterior. No quise dejarla por fuera porque más adelante volveré a hablar sobre el testigo.
Ir arriba