{94} – 08-02-2017. En las meditaciones sigo viendo figuras brillantes sobre fondo negro el vacío, el infinito. Cuando uno ve la figura y la observa no siempre es la misma, algunas veces es distinta. Varias veces se encuentra uno en un espacio negro, infinito, tranquilo, silencioso. Algunas veces veía ráfagas de luces. Con frecuencia me encuentro con la pared invisible, algunos les dicen velos que no dejan pasar y quedo como en una sala de espera. En esta oportunidad no se presentó la luz que en otra ocasión, me abrió el camino.
En otra meditación, en la madrugada, vi nuevamente el aro del círculo formado por barras gruesas de diferentes tamaños, de color blanco plateado brillante, una figura hermosa. No se me perdió al mirarla y la pude observar de más cerca, y comenzó a formarse un túnel que giro a la derecha y luego a la izquierda, y al fondo vi una luz en el centro como de una salida y apareció una luz brillante que comenzaba a perderse, y volvía y aparecía. Así varias veces, hasta que de improviso alguien o «algo» cogió la luz y me la entregó. Cuando cogí la luz se volvió sólida y perdió todo su brillo. Yo interprete esto como que no podemos querer ver la luz, tenerla en todo momento. La luz es libre y para todos, y si la atrapas perderá todo su brillo, su luminosidad, ya no será luz. Ese día estuve vibrando muy suavemente, todo el día.
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